Flaviano Quispe fue el primer cineasta provinciano en estrenar una película en siete salas comerciales limeñas. Con "El huerfanito" batió récords de asistencia en toda la serranía y partes de la costa y selva. Ahora, en Juliaca, prepara la saga: "El huerfanito 2".
De repente, él era uno de los culpables de la convulsión en Ilave. Parecía una broma, que sin querer se convirtió en imputación: Su primera película, "El abigeo", era incriminada como instigadora intelectual del linchamiento de Cirilo Robles por un grupo de malpensantes puneños.
"Era para no creerlo", se regocija el cineasta juliaqueño Flaviano Quispe recordando su ópera prima, aunque gima. Basada en el cuento "Ushanan jampi" de Enrique López Albújar, en el que se narra un inmisericorde linchamiento, "El abigeo" fue la primera película realizada en Puno en toda su historia. Y ocasionó una masacre de taquilla que se extendió a Cusco, Arequipa y Tacna. Y por supuesto pasó por Ilave. "No había cine allí, pero adaptamos un colegio. Era gracioso porque ya estaba pirateada la película y la pasaban hasta en los restaurantes, por eso cuando llegamos pensamos que nadie iría a verla. Pero se llenaron las funciones, la gente llegaba exhibiendo su copia pirata".
Al final de cada función --cuando ficción y realidad se amanceban todavía-- se presentaban los actores de la película. Devenían aplausos devotos para el actor que hacía de ladrón linchado; en cambio, los "villanos" tenían que ser salvados de recibir una tirria de su propia medicina. "Era paradójico porque la gente se identificaba con el ladrón, pobrecito decían, por qué le hacen eso. Nosotros conocemos la idiosincrasia de los aimaras que tienen un carácter fuerte e impulsivo, siempre escuchábamos de linchamientos en sus zonas. Mi película, al contrario, los llevó a pensar. Nadie se imaginó lo que sucedería después", se escuda Flaviano, de origen quechua y el creador del primer canal de televisión en todo Puno.
El éxito de "El abigeo" fue el zócalo para la construcción de su segunda película "El huerfanito", la primera cinta provinciana que se estrenó en Lima haciendo un cortocircuito en el largo circuito comercial hollywoodense. Estuvo tres semanas en siete cines desde el 6 de mayo del año pasado (justo cuando ocurría el deslave de Ilave) y llegó hasta Bolivia. Ahora, en un barrio que es el equivalente juliaqueño a Los Olivos, Flaviano Quispe prepara su segunda descarga. La primera le costó 40 mil dólares. La segunda está textualmente 'en veremos'.
SOY MUCHACHO PROVINCIANO
Vive en una calle llamada Cabana y cuando llegó a Lima en 1992 le decían Alejandro Toledo, porque tenía una ráfaga al hoy presidente de la República y también había sido canillita y vendedor de lo que fuere. En ese entonces el apelativo lindaba con el aprecio, luego bordeó la sorna, después la ojeriza, hoy quiere que le hagan el favor de cambiarle el sobrenombre, por favor. 'Atahualpa' no le molesta. Así le han puesto sus paisanos porque dicen que puede llenar de oro cualquier cuarto con solo alzar la mano. "Piensan que me he enriquecido con el éxito de mis películas. Reconozco que he recuperado mi inversión con creces, pero la he reinvertido". Sentado frente al cuadro de un arcángel de la Escuela Cusqueña , Flaviano acaba de concluir el guion de "El huerfanito 2" y se apresta a empezar el cásting para grabar esta secuela con los más de 500 alumnos de sus talleres de teatro en Juliaca. Los ingredientes autobiográficos en su obra sobran a la vista. Él mismo vivió la extrema pobreza (aunque después descubriría que William Blake tenía razón cuando decía que solo en los extremos está la sabiduría): su padre fue un zapatero demasiado estricto y su madre solo hablaba quechua. Flaviano se inspiró en un primo suyo y en sí mismo para colorear a Juanito, el huerfanito, su ahora renombrado álter ego cinematográfico que es una mezcla del niño del "Ladrón de bicicletas" de Vittorio de Sica con el de la recordada "Gregorio".
Hijo de un padre abusivo pero enfermo, Juanito es enviado de su pueblo olvidado en la larga noche de los 500 años a la ciudad para vender sus exiguos productos. Consigue algún dinero, pero seducido por unos estafadores les entrega sus ganancias y lo timan. Con miedo de regresar a su casa, Juanito se ve inmerso en tragicómicas desventuras dignas del Lazarillo de Tormes o de Charles Dickens, pero en clave de cine hindú (es decir todo desemboca en un viagra de lágrimas: al final su padre muere por su tardanza).
"El huerfanito 2" continuará con la vida de Juanito. Quizá tenga las vivencias de Flaviano cuando a los 8 años veía películas hindúes, "Madre india" o "El niño y el toro" enlos cines Juliaca, Flores o cine Unión (hoy convertidos en discotecas y otras hiedras). O cuando llegó a Lima a los 13 años como tejedor, era explotado, pero se consolaba escapándose los domingos para ir al cine Metro para ver películas chinas o de 'cowboys'; hasta que lo regresaron a Juliaca. O cuando soñaba convertirse en un Leo Dan o un "iracundo" mientras se iba al Cusco a estudiar Educación. O cuando se inscribió en el teatro universitario y, al tiempo que toda la ciudad se paralizaba viendo a la selección de fútbol en el Mundial España 82, él se iba solito al cine Cusco, al Ollanta o al Garcilaso. De aquí a ser extra de la película "Túpac Amaru" solo hubo un paso. Y a ser director de cine un traspaso.
¿ LA LUCHA POR UN SUEÑO?
Se fugó de Cusco a Lima apenas consiguió valor y locura. Había aprendido el oficio de tejedor y sobrevivió vendiendo chompas en lo que era Polvos Azules. A la vez que se matriculaba en el TEA de la avenida Tacna para superar su timidez de migrante. Cuando vivía en San Juan de Miraflores, se matriculó en el Centro de Teleducación de la Universidad Católica y conoció al profesor que le viró la vida: José Antonio Portugal.
Flaviano ya quería hacer cine pero se sentía un perdedor nato y laxo, a la par que sufría porque se había separado de su pareja en el Cusco dejando dos hijas. Portugal lo hizo "encerar, pulir" como si fuera su maestro Miyagui y le dijo: "Pero ese sufrimiento es un material importante para ti, más bien agradécele a Dios por esas experiencias, solo así podrás hacer un cine que te salga del alma".
Y su alma decidió esfumarse de retorno a Juliaca. Allí su hermano quería postular a regidor municipal y estaba último en las encuestas. Flaviano le hizo un comercial televisivo que logró su elección. Luego el alcalde Pedro Cáceres Velásquez le encargó en 1996 la creación del primer canal de televisión puneño, Tevesur. Con solo un transmisor y pasando videos musicales a partir de la una de la tarde comenzó este canal que hasta hoy existe (en Juliaca hay 17 canales). Un año después transmitió en vivo por primera vez el carnaval de Juliaca. Pero Flaviano se cansó y decidió abandonarse por fin a su perplejidad por el cine.
Y pensando en hacer un corto, "El abigeo" se le pasó de largo. Con sus alumnos de los pequeños talleres de teatro que organizaba (ahora son masivos debido a su fama), con agricultores de una comunidad a 5 kilómetros de la ciudad y con policías verdaderos, Quispe venció su propia incredulidad. Con solo una cámara de VHS y dos lámparas de carro con batería, realizó un película con inagotables errores técnicos, pero tan cautivadora del gusto campesino que propició un fenómeno que hábilmente llevó al paroxismo con la siguiente: "El huerfanito". Esta vez filmada en formato Hi-8, editada por computadora y fiel a su estética de primeros planos plañideros y actuaciones de ceremonia pentecostal. Las colas eran de anaconda. Desempolvó cines apoltronados: el Valencia de Sicuani y el Pacífico de Tacna. Redondeó cines de Huancayo, Arequipa, Cerro de Pasco, Trujillo, Chimbote, Chiclayo, Madre de Dios, Ayacucho. Y pensando que si "Leonidas Zegarra podía hacer películas, por qué no llevar las mías que son mejores" llegó a Lima. Y le ganó en su segunda semana a "Van Helsing", pero fue sacada porque se necesitaban salas para "Troya". Fueron casi 120 mil personas quienes se ganaron con las derrotas de Juanito, el huerfanito. Aunque recibió en Lima críticas impías: "En 'Butaca Sanmarquina' dijeron algo que siempre recuerdo, que nosotros los provincianos somos una epidemia apocalíptica. Quería decir que nosotros venimos matando el cine. Es fuerte".
Flaviano tiene tres guiones propios en la mano. Uno llamado "La pandilla", que sueña hacerla al estilo de "Corazón valiente"; otro llamado "La profesorita", sobre esos mártires vivos que van a enseñar en lugares inhóspitos. Y otro sobre el tráfico de personas en las minas de oro de Puerto Maldonado. Pero le acaba de poner el último trazo al 'story board' de "El huerfanito 2", hecho un San Juan de su nuevo apocalipsis fílmico.
Currículo cinematográfico
Flaviano Quispe cursó Educación en la Universidad San Antonio de Abad. En Lima estudió actuación en el Club de Teatro de Lima, con Reynaldo D'Amore, producción de televisión en el antiguo Cetuc de la Universidad Católica y talleres de cine y documental con José Antonio Portugal. Filmó en Puno las películas "El abigeo" en el 2001 y "El huerfanito" en el 2003, que fueron sucesos de público. |